viernes, 12 de junio de 2015

Sal al balcón

Y que llueva
Y se inunde la tristeza 

martes, 28 de abril de 2015

Nada


Gotas azules tambaleándose en mi sien que vienen y van, llevando por cada pensamiento un cielo, por cada sentimiento una aguja y por un latido todos mis gritos enlatados en un bote de tomate triturado. Remito tus cartas a Francia, y luego las quemo. Esparzo las cenizas en tierra quemada, como si fueran semillas a punto de brotar, creando un árbol acorde a Fibonacci, perfecto, deletéreo, injustamente inverso a tu mirada. Juego a cara o cruz con sus hojas y luego escalo por sus ramas hasta lo más alto, para sin más lanzarme, zambullirme, retarme en picado a tu espalda y en oblicuo a tu filo. Herida sobre cicatriz, sangre goteando al suelo en perfecta gravedad, pero asíncrona al reloj de la habitación donde estaba encerrado el tiempo que todo lo cura, que todo lo expande, que todo lo comprime, lo evita, lo esconde, lo protege, que todo, todo, todo...
Que nada.


domingo, 15 de marzo de 2015

Conversaciones con S (II)


— Tengo miedo.
S y yo estábamos en la terraza de una cafetería céntrica de Madrid, tras haber callejeado durante un par de horas en busca de la primera edición de un libro. No lo habíamos encontrado, y decidimos hacer un descanso antes de volver en su búsqueda. Tras habernos servido el camarero un par de cafés, S me hizo esa afirmación.
— ¿Miedo de qué?—le contesté, ya que ella no continuó la frase.
— De echar demasiado de menos el amor.
Me acomodé en la silla y le pregunté:
— ¿Demasiado?
— Sí, demasiado...—continuó— De echarlo tanto de menos que un día llegue una ilusión parecida al amor y me tire por la borda con todo el equipaje, incluida la razón. Que me sumerja, me hunda y no haga esfuerzos por flotar, con la seguridad de que puedo respirar, sin miedo a nada, sin miedo al dolor. Ese dolor que ya hizo estragos en mí una vez, y que con ese pequeño rayo de luz se desvanezca. Tener delante una hoja en blanco y que de una pequeña gota de ese océano, al que dejaría actuar sobre mí a su merced, surjan 20.000 palabras de viaje submarino al fondo de mis entrañas, de mi alma, que renueven, que hagan surgir historias de un minuto y sueños compartidos más allá de lo que una puede ser capaz de escribir. Que las dificultades fueran como una montaña de libros que sólo puedes sortear leyendo todos y cada uno de ellos, y parezcas invencible ante ello. ¿Quién no querría los problemas de esa forma? Pero que sin más y de pronto, cuando creas que todo es perfecto, entre esa montaña aparezca "50 sombras de Grey".
S se quedó pensativa mirando su café.
— Pero en el amor también pueden surgir grandes dificultades, ¿no? —le dije.
Me miró a los ojos con expresión seria y contestó:
— Sí. Pero no puedes quemarlas.


martes, 24 de febrero de 2015

Despedida en tu portal


Y se acaba, se acaba todo. Se funde en mil partículas de agua, diluvio universal.
Repite conmigo: todo se acaba.
Desaparece en contacto con el aire, ultraje al deseo, destrozo universal.
Repite conmigo: (absolutamente) todo se acaba.
Todo.
Todo, después de tu invierno.