jueves, 19 de junio de 2014

Azules


Las manecillas del reloj suenan copiosamente en la habitación. Las ventanas están abiertas debido al calor que recorre los primeros días de verano, provocando que la poca brisa que pueda existir se vea superada por un ambiente estuoso. Aún quedan unas horas para que despunten los primeros rayos de Sol y alumbren la estancia de paredes blancas, pero él sigue tumbado en su cama con los ojos abiertos y fijos en el techo. Lleva sin dormir más horas de las que debería, y a pesar de ello el cansancio no hace mella en él. Tiene en la mente esa imagen, que se repite constante, imperturbable. No puede apartarla, y sólo el hecho de intentarlo provoca una mayor intensidad. Esos ojos azules y enormes que una vez fueron alegres, brillantes, y que ahora sólo aparecen una y otra vez en esa habitación, fríos como el hielo.
Finalmente, apesadumbrado, decide levantarse, dirigiéndose a la cocina del piso. Abre la nevera, coge la botella de agua y se sirve un vaso. Observa la pared, con mirada perdida, durante unos segundos. Se pierde en el silencio, deja vagar su mente, respira al ritmo del goteo del grifo. Empieza a notar sus latidos.
La sangre circulando, cada vez más rápido, martilleando por dentro sus oídos.
Se oye el golpe de algo caer a mucha distancia, suficiente para que parpadee, como volviendo en sí. Tira el agua por el fregadero, abriendo tras ello el mueble y sacando una botella de whisky. Se sirve más de medio vaso, y deja la botella abierta a un lado. Su somnífero diario. Sabe que tras ello volverá a la cama, se dormirá en un par de minutos y tendrá pesadillas hasta despertar empapado de sudor. Pero se lo bebe, sin pensar, haciendo de ello una rutina, convirtiéndolo un día más en parte de los pasos hacia la oscuridad.
Esos ojos azules… Volviendo a su mente…
Pero sabe que se dormirá pronto. Vuelve a la cama, se tumba, y cierra sus ojos. Aunque los azules siguen observándole.


Es ella la que está muerta. Pero él hace mucho tiempo que desapareció del mundo.


viernes, 30 de mayo de 2014

Tristeza


Fue allá por el 2008, cuando Ferreiro ya cantaba las siete y media y mi vida se centraba en girar y volar de idea en idea. "Tristeza" inundaba mis oídos cada vez que bajabas a desayunar al comedor de aquel hotel, vistiendo una camiseta azul cristalino y los ojos de sueños recién hechos, con esa pizca de azúcar y mermelada. Paseabas tu silencio por toda la sala, y hacías que ni las vistas de aquel mar que traspasaba las ventanas pudieran evitar que fueras la órbita de mis mañanas. No sé si era la fragilidad que sentía o esa canción diluyendo mis pensamientos, abordándolos e inundándolos con tu sola presencia.
A veces lamento recordar solamente esta pequeña parte de ti. A veces, y sólo a veces, lamento que lo demás se viera interrumpido por la metafísica.
Y a pesar de ello lo admito. Lo escribo en cada nostalgia que se escapa de mi cabeza, por si aparecen a tu lado alguna vez y decides leerlas.
Siempre has sido mi desconocida favorita.

domingo, 27 de abril de 2014

Haiku I


y el mundo cayó
como una hoja empapada
en su corazón


domingo, 20 de abril de 2014

Sueño felino

Intervalos de un segundo volteados en un silencio temeroso, que esconde el miedo de todas tus catástrofes pasadas. Sonrisas más allá de los hilos que mueven cada uno de tus secretos deseos, y sitúan mi pensamiento en un mapa con inicio en tu cintura y llegada en la última mirada que desprendes, antes de dejar hacer al sueño castillos de arena en tu cama. Fronteras que rodean todo un continente de ideas, que colman mi cabeza y hacen dudar al viento en su trayecto hacia las sombras que forman las olas de aquella playa donde nunca escuché ninguna de tus batallas. Y el recuerdo de un baile de claqué que existió solamente en un viaje al este de mis tormentas, donde vestías aquella camiseta blanca y de mirada de gato que me llevó a escribir letras en consonancia a tus vocales.